jueves, 17 de octubre de 2013

CLEMENTE ARRAIZ


Clemente Arraiz Inchaurregui, nace en el primer piso del número cuarenta y dos de la Calle Pintorería, el 1 de agosto de 1873. La casa se situa en el lugar que ocupa la capilla dedicada a San Pedro de Osma. Era hijo de Clemente Arraiz, de profesión zapatero y de Felipa Inchaurregui. El matrimonio tuvo siete hijos, uno de los cuales, Bernabé, estudió canto en Milán y llegó a actuar junto a Maria Barrientos por toda la geografía española.
Clemente Arraiz, el pintor, se caso con Jesusa Ibarra. Ambos tuvieron tres hijos, uno de ellos, Jesús, realizó las pinturas murales del palacio de Ajuria-Enea, halladas en 1997 y se instaló en Bilbao donde hizó numerosas obras de caballete y los murales de algunas fachadas que se conservan en Bilbao. Otro, Felipe, fijó su residencia en Vigo, motivo por el cual Clemente Arraiz pasó largas temporadas en la ciudad gallega, justo en el momento en que el artista retoma su actividad pictórica de la segunda etapa. De 1944 y 1945 son los paisajes de El Grove, prácticamente los únicos que pintó en su reencuentro con la pintura, ya que, pensando que el paisaje debía de realizarse ante el natural y puesto que se sentía mayor para tales menesteres, se dedicó a pintar temas florales. Por último, su hija Marichu, que vivió con él toda la vida.
En Galicia la obra de Clemente Arraiz adquiere su perfil definitivo y su estilo característico. El hecho es significativo porque, a pesar del cambio generacional que ya se ha producido en la pintura alavesa, él, en los años 40, retoma una tradición que se remontaba al siglo XIX. Su pintura desde los aspectos temático y técnico, continua anclada en el impresionismo, bien es verdad que los treinta años transcurridos desde sus últimas pinceladas demuestran que se han modificado las preocupaciones estéticas. El cromatismo esplendoroso de sus cuadros actuales vibra con toda intensidad y la luz es tan rutilante como cambiante, merced a la gozosa satisfacción que siente al pintar.
En Vitoria, con la ayuda de su experiencia y trabajando sin tregua, sin distraerse, logra una pintura rica, sugestiva e intemporal. La elegancia de las flores que, muy de mañana adquiere en la florístería de la calle General Álava, son el vehículo que demuestra su faceta de gran conocedor de los medios expresivos. Clemente Arraiz ya no presenta esa trascendencia sentimental, grave y melancólica de la pintura simplificada; es el nuevo romántico que ha encontrado cualidades reactivas y valientes a la labor del artista.
Madruga y de forma incansable pinta hasta el atardecer en su casa de la calle Olaguibel, sumido en la lucha por superar problemas y conquistar terrenos al fascinante tema floral. Uno de esos días, el 9 de noviembre de 1952, había cumplido su jornada firmando la última obra, hoy propiedad del Ayuntamiento de Vitoria. Abandonó sus pinceles y se dirigió a un restaurante de la calle Mateo Moraza, donde, mientras merendaba con sus amigos, le sobrevino un infarto mortal que terminó con su vida.
Vitoria entera lamentó la pérdida de tan entrañable pintor, pero, afortunadamente, del pintor queda el eco y el recuerdo en los cuadros que ha legado.
Sacado de un artículo de Jose Antonio García Díez para el folleto de la Exposición Homenaje que se celebró del 10 al 27 de enero de 1997 en el AULA DE CULTURA LUIS DE AJURIA en Vitoria-Gasteiz

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